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Biodiversidad y el Cambio Climático PDF Imprimir E-Mail

La Convención de Biodiversidad de la ONU se reunió en La Haya para discutir, entre otras cosas, el efecto del cambio climático global sobre varias especies.

Los convencionales de la ONU han tomado como base de sus deliberaciones un trabajo publicado por Gian-Reto Walther, de la Universidad de Hannover (Alemania) en la revista Nature del 28 de marzo en el cual se ha demostrado que el efecto del calentamiento del planeta se nota ya en especies que muestran alteraciones en sus hábitos, en su distribución geográfica o incluso en sus organismos. Muchas no podrán adaptarse y se extinguirán.

El equipo de científicos de Alemania, Reino Unido, Francia, Australia y EE UU, liderados por Walther ha constatado ya decenas de casos, desde las regiones polares hasta los mares tropicales, de ecosistemas modificados por efecto del cambio global. Las especies responden con alteraciones fisiológicas o de pautas de comportamiento, en la distribución geográfica o en las interacciones con otras especies.

En el último siglo la temperatura media de la Tierra ha aumentado aproximadamente 0,6 grados, "con dos principales periodos de calentamiento, entre 1910 y 1945, y desde 1976 en adelante", recuerdan.  "En el segundo periodo, el ritmo de calentamiento duplica el del primero, siendo el mayor registrado en los últimos mil años".

El aumento de unas pocas décimas de grado en la temperatura de la Tierra se está haciendo sentir entre los habitantes del  planeta. "Las respuestas ecológicas al reciente cambio climático son ya claramente visibles", afirma Walther. Y eso que "estamos sólo al principio del calentamiento global previsto", puntualiza. Además, los organismos son afectados por las condiciones regionales Lo que cuenta para un ser vivo es, por ejemplo, si varía el régimen de lluvias en su zona o las temperaturas estacionales, y las alteraciones registradas en estos factores no han sido uniformes en el planeta. En las latitudes medias y altas del hemisferio Norte, por ejemplo, han aumentado las precipitaciones entre un 0,5% y un 1% por década,  sobre todo en otoño y en invierno, pero en las regiones subtropicales han disminuido un 0,3% por década.

Los hábitos y el calor

Pese a la variabilidad tanto geográfica como de ecosistemas afectados por el cambio climático, hay ya amplios efectos evidentes: "Se ha producido un desplazamiento de especies hacia los polos y hacia las alturas en un amplio rango de grupos taxonómicos y localizaciones geográficas a lo largo del siglo XX", afirman Walther y sus colegas.

Por ejemplo, algunos pájaros han adelantado el tiempo de cría en primavera y de los primeros  trinos, las aves migratorias emprenden antes sus viajes; hay sitios en Europa donde el cambio otoñal de coloración de las hojas de los árboles se ha retrasado, las especies vegetales foráneas invaden ecosistemas en los Alpes suizos a medida que se reducen los días de heladas cada invierno.

En la tortuga pintada (Chrysemys picta) el sexo de las crías está muy relacionado con la temperatura media del mes de julio, y el número de machos se reduce notablemente, con inevitables consecuencias en la dinámica de las poblaciones, si las temperaturas aumentan  entre 2 y 4 grados centígrados.

Otro caso: el ámbito de reproducción de krill, alimento básico de animales como pingüinos,  ballenas y focas en los océanos meridionales, se resiente ya por la reducción de los hielos marinos que se forman cerca de la península Antártica. Y los arrecifes de coral, muy sensibles al aumento de la temperatura media en verano de sólo un grado durante unas semanas han sufrido ya seis periodos de decoloración masiva desde 1979, y la incidencia del daño está aumentando en frecuencia e intensidad.

Entre las invasiones territoriales asociadas al calentamiento, alertan los expertos, están también las que provocan enfermedades: "Hay pruebas ya de que el aumento paulatino de las  temperaturas anuales está asociado a la expansión de enfermedades transmitidas por mosquitos en las regiones altas de Asia, este de África y América Latina".

Adaptarse o morir

Es obvio que las especies o se adaptan a los cambios  de su entorno o no sobreviven. Pero el  hombre,  con su intensa transformación del territorio, deja poco hueco al resto de las especies para que se ajusten a los cambios ambientales rápidos.

La pérdida y la fragmentación del territorio impuestas por la civilización hacen que muchas  especies, si se ven presionadas por un aumento de temperaturas nefasto para su supervivencia, o cambios drásticos en el régimen de precipitaciones, no puedan desplazarse hacia regiones adecuadas para su supervivencia al estar el paisaje interrumpido, apuntan los científicos en Nature.

Por ello, el cambio climático inducirá la extinción de muchas especies, agravando la ya alarmante pérdida de biodiversidad. Cada año podrían extinguirse entre 10 y 100 especies por causas "naturales". Las extrapolaciones a partir de datos de grupos de especies bien estudiadas indican que en realidad  se estarían extinguiendo entre 10.000 y 50.000 especies al año.

Pérdida de diversidad biológica y cambio climático son dos problemas disparados por la acción del hombre, y ahora se busca remedio o, al menos, estrategias para atenuarlos, con medidas  sugeridas en sendas convenciones de Naciones Unidas: la de biodiversidad, y la de cambio climático. Ambas expresan la urgencia de armonizar sus recomendaciones.

Los bosques no mueren de pie

Los bosques primarios, como se conocen ahora aquellos ecosistemas forestales en los que no ha intervenido el hombre, cubrían tras la última glaciación, hace unos 8.000 años, casi la mitad  de la superficie terrestre emergida. En la actualidad sobrevive menos de la quinta parte, en gran parte en peligro de desaparición. El análisis de los bosques primarios, ecosistemas claves para la conservación  de la biodiversidad, se ha impulsado en los últimos años de la mano de la preocupación por su futuro, y es otro de los grandes temas de la cumbre de la ONU sobre biodiversidad.

Zonas extensas de bosques primarios sobreviven únicamente en Canadá, la Amazonia y  Siberia, y suman unos 1.100 millones de hectáreas.
Pequeñas zonas existen en la Cuenca del Congo, islas del Pacífico como Borneo y Papúa-Nueva Guinea, Escandinavia y el Cono Sur, el norte y el centro del continente americano. Un total de 76 países ha perdido ya todos sus bosques primarios, y otros 11 pueden perderlos en  los próximos años, explica en un extenso análisis de la situación José Santamarta, de Worldwatch, quien también señala: "La deforestación sigue siendo uno de los grandes problemas ambientales, junto con la amenaza nuclear, el cambio climático y la pérdida de biodiversidad".

Según la revista Biológica, que recoge los últimos datos sobre los bosques primarios, el problema de la deforestación se ha acelerado enormemente en la última década, ya que desde 1990 la Tierra pierde casi 10 millones de hectáreas boscosas cada año. Todas las zonas están amenazadas, pero las tropicales son las que albergan mayor biodiversidad. Sin embargo, las  más amenazadas son las correspondientes a bosques templados, fragmentados y talados.

Frontera forestal

Los expertos del Instituto de Recursos Mundiales (WRI) señalan la importancia de lo que llaman la frontera forestal, los grandes bosques primarios aún no fragmentados en pequeños pedazos y capaces de albergar poblaciones viables de todas las especies asociadas a un determinado tipo de bosque.

Más del 75% de la frontera forestal del mundo está en  tres grandes áreas: los bosques boreales de Canadá y Alaska, los bosques boreales de Rusia, y los bosques tropicales de la Amazonia y el escudo de las Guayanas, recuerda Santamarta.

El problema cuando se tala un boque primario es que cuando vuelve a crecer ya no es lo mismo. Los bosques secundarios y las plantaciones forestales que pueden sustituir, en el mejor de los casos, a la cubierta original son muy diferentes, menos complejos y más susceptibles al fuego, entre otras cosas. Los expertos piden una explotación sostenible, como mal menor, o la conservación.

 
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