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Revista Tercer Sector http://www.tercersector.org.ar AMBIENTE Conflicto hídrico por el Atuel en La Pampa Un río en extinción Un histórico problema interprovincial por el cause de agua que baja de Mendoza a La Pampa llegó a la Corte Suprema. Las OSC reclaman el paso de ese recurso de vida para mantener el equilibrio ecológico. Textos Sebastián Hacher “La pampa es como el cielo al revés” le escuchó decir a un paisano Atahualpa Yupanqui, y enseguida adoptó esa frase como suya. Porque la Pampa, es verdad, es una tierra de atardeceres y llanuras eternas, cuna de medanos andariegos y poetas capaces de componer una oda a la carreta, a un árbol, o a la soledad y el viento. Pero en La Pampa, ahora interminable, las cosas no siempre fueron iguales. Hubo un tiempo en el que se consideraba a la ribera del río Atuel como fuente de inspiración y de vida, con miles de ovejas pastando y una población que no dejaba de colonizar tierras para el cultivo y la crianza de animales. Entonces, ¿cómo se pasó de eso al desierto? Los poetas locales, que cambiaron el verde por la melancolía, lo cantaron con sus versos: “Cuando cortan el Atuel/ queda sin agua el Salado/ llenos de arena los ojos/ va lagrimeando el pampeano”. Walter Cazenave es licenciado en hidrografía y profesor de historia. Es, además, quién más tiempo dedicó a investigar cómo un diferendo interprovincial dejó seca a toda una región. “El corazón del conflicto -explica- está en el Rio Atuel, que viene de la mayor cuenca hidrográfica de la Argentina, la del Río Desaguadero, también llamado Salado, Chadileuvú y Curacó, con casi 250 mil kilómetros cuadrados. Esa cuenca une a los ríos que bajan de la Cordillera, incluyendo al Atuel, que entra en La Pampa dividido en tres brazos: el Atuel Viejo o Grande, el brazo Butaló y el Arroyo de la Barda”. Según sus cálculos, los derrames de estos ríos abarcaban unos 150 kilómetros en Mendoza y unos 200 en La Pampa, con un ancho nunca menor de otros 15. Algo así como 3,5 millones de hectáreas regadas, tan ricas que la fauna que está mil kilómetros más al norte, con animales como el jaguareté o el carpincho, también se movían en esa zona. “Lo de La Pampa tiene el Ombú -bromea Cazenave- era apenas un versito. Yo alcancé a ver algunos paisanos que guardan peleros de carpincho”. Cortar un río Un siglo después del centenario de la independencia, un caudillo mendocino cortó el brazo principal, el Atuel Grande, y lo desvió a la altura de Paso del Loro. En 1930, con el avance de la colonización en Mendoza, desapareció el Butaló. Él método fue similar al utilizado con el Grande, pero a pequeña escala: los productores mendocinos hicieron lo que los lugareños llaman ‘tapones’ de tierra con el fin de inundar la ribera y generar pastura para la ganadería. Los construyeron sin ningún control, y pronto el brazo del río terminó por apagarse antes de llegar a destino. Del lado pampeano se dieron los primeros atisbos de resistencia: los productores afectados dinamitaron algunos tapones, pero en forma desorganizada y sin ningún respaldo. La colonia, que se había fundado a orillas del Butaló con 300 pobladores, vio su suerte ahogada en el desierto. El último brazo que quedaba en pié era el Arroyo de la Barda. Llegó a tener casi un millones de ovejas en su ribera, convirtiéndose en una zona de progreso para toda la región. Fue así hasta 1948, cuando el gobierno nacional le financió a la provincia de Mendoza la construcción del dique el Nihuil. Lo hicieron a la salida de la cordillera, mucho antes de que el Atuel se dividiera en brazos. “Así –explica el experto en hidrografía- se produjo la catástrofe ecológica y humana. Las ovejas murieron de sed y la gente no tenía de que vivir. Se confirmó un sistema que tiene una particularidad: como el desarrollo se hizo de norte a sur, se aprovecharon los recursos hídricos sin tener en cuenta los intereses de los que vivían rio abajo”. Agua intermitente En la zona pampeana afectada, la única autoridad era un policía que tenía el cargo de oficial telegrafista. Para aquel entonces, La Pampa todavía era territorio nacional: recién en 1952 se convirtió en provincia. El oficial se conmovió por la situación y le mandó una carta al entonces presidente Juan Domingo Perón. El sobre llegó a destino, y la Secretaria de Agua y Energía le ordenó a Mendoza hacer dos sueltas de agua anuales, para que el recurso llegase a La Pampa para bebida y demás consumo. “Era un paliativo - explica Cazenave- pero Mendoza se negó a cumplir. La resolución fue desconocida por un tribunal de agua local”. Desde entonces, y hasta 1973, nunca se volvió a escurrir agua del Atuel a La Pampa. Recién en ese año, gracias a las nevadas y el deshielo, la provincia de Mendoza abrió el grifo desde el dique Nihuil en forma intermitente. Ese proceso duró hasta finales de la década del 90, junto con un ciclo de lluvias extraordinarias, pero sin permitir ningún desarrollo, explica el investigador, porque “nunca avisaron cuando soltaban: te encontrabas con una inundación y no sabías por qué. Cuando venía el río, sin aviso, el turbión arrasaba con las pocas obras hechas por los productores que sobrevivían en la zona seca. En estos años, la realidad obligó a los pobladores a perder la cultura del agua. El río se volvía un perjuicio, porque ahogaba animales, aislaba”. La defensa del cause Junto con esas sueltas de agua, en 1973 nació un movimiento popular, basado en las zonas de La Pampa en las que se habían exiliado los ribereños. Fue la Comisión de Defensa de los Rios Interprovinciales (CODRIP), que se movilizó de forma masiva en defensa del Atuel. El Estado local, sin organismos para estudiar el tema, fundó el Consejo Provincial del Agua. El movimiento duró lo que las primeras sueltas de agua. Pero el conflicto continúa hasta que, en 1978, en plena dictadura, Mendoza y La Pampa fueron a juicio. En La Pampa, la mayoría de los técnicos en la materia estaban separados de sus cargos. Aún así la Justicia dictaminó que el río es interprovincial, pero que los caudales los tiene que aprovechar Mendoza hasta la suma de 70 mil hectáreas bajo riego. “Pero ellos –explica Cazenave- no tienen 70 mil hectáreas, entonces dijeron ‘nosotros no le damos agua hasta que reguemos 70 mil’, lo cual era un engaño. La Corte decía que nos den diez metros cúbicos del total del caudal, que era un promedio de 32 metros cúbicos por segundo. Pero ni eso nos dieron”. Memoria hídrica En 1984, luego del retorno de la democracia, una nueva asamblea ciudadana crea la Fundación Chadileuvú, como continuidad de la antigua CODRIP. La nueva entidad empieza a editar libros, genera charlas y estudios sobre el tema. Años después, también nace la Asociación Alihuen. Leandro Altolaguirre, ingeniero agrónomo y miembro de esta organización, explica que “a principios de los 90, empezamos por hacer viajes de exploración a la zona de los bañados del Atuel. La visión que teníamos era la de un páramo de médanos vivos. Conocimos a la gente, a los puesteros y nos dimos cuenta de que no era tan así. Y eso generó un compromiso de preservar lo que había. Empezamos a conocer lo que era la Comisión Interprovincial del Río Atuel Inferior, que no está funcionando, y el PEI, el Protocolo de Entendimiento Interprovincial, el antiguo convenio que garantizaba el caudal mínimo fluvioecológico, que es para mantener el equilibrio”. La situación encontrada por los miembros de Alihuen es que “cuando cortan el riego, la erosión del viento tapona el lecho del río, y cuando suelta el agua, el río busca un cause y hace desastres. El agua es vida, pero mal manejada es lo contrario. Y esto se transformó en una comunidad que paso de ser ribereña a ser de secano, de desierto”. La pérdida de esa memoria fluvial genera situaciones extrañas. Algunos pobladores, por ejemplo, tienen la casa de un lado del lecho del río, los animales del otro y el jagüel en el medio. Cuando Mendoza suelta agua, los jagüeles quedan tapados y los animales aislados, cuando no son directamente arrastrados. El reclamo ciudadano A finales del 2007, la fundación Chadileuvú, la Asociación Alihuen y la Cooperativa Popular de Electricidad convocaron a una Asamblea Ciudadana para recuperar el Atuel. Este último organismo se sumó porque, según explica uno de sus miembros, “los usuarios de la cooperativa son toda la sociedad, y lo que les pasa a los usuarios le pasa a la cooperativa”. Uno de los objetivos de la asamblea, explica Abel Gómez, miembro de Chadileuvú “fue apoyar una presentación ante la Corte Suprema, porque la ultima reforma de la constitución de 1994 tiene algunos considerandos sobre la cuestión ecológica que nos permiten hacer un reclamo nuevamente. Entonces, hicimos una presentación pidiendo el caudal mínimo fluvioecológico”. Si bien es imposible volver a la situación anterior, lo que buscan los defensores del Atuel es, según Leandro de Alihuen, “generar un nuevo equilibrio, que se respete al río y sirva como motor de desarrollo para la provincia de La Pampa y para el país”. Los mendocinos, agrega Cazenave, “están construyendo canales de riego de cemento para evitar la infiltración de agua. Eso les permite dejar de desperdiciar agua en el riego. La última propuesta nuestra fue que nos den seis metros cúbicos por segundo del agua que recuperen por esos canales”. Todos los que reclaman por el río coinciden en señalar a la vía judicial como el último recurso, y preferirían dejarlo de lado. “La idea –dicen desde Alihuen- es llegar a un acuerdo de hermanos con los mendocinos. No queremos perjudicar a nadie, solo que se deje de generar perjuicios”. Mientras no pierden la esperanza, entre las organizaciones convocantes generaron un material radiofónico que se está emitiendo en toda la provincia. “Son micros radiales –explica Gómez- con entrevistas, información y canciones dedicadas a los ríos”. Y es que material no falta: “Una de las cosas que generó la falta de agua es que nació un cancionero de añoranza del Atuel”.
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