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Mascotismo y trafico de fauna: ¿PORQUE NO DEBEMOS CAPTURAR ANIMALES SILVESTRES?
Por Carolina Rodriguez
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Los animales han estado históricamente relacionados con el desarrollo humano, cumpliendo múltiples funciones, entre ellas servirnos de compañía, como los perros y los gatos. Mantener individuos de especies silvestres en los hogares ha sido asimismo una antigua tradición. Actualmente, el afán de contar con mascotas "exóticas" y diferentes ha llevado a la gente a ver en animales como monos, felinos e iguanas, alternativas a los tradicionales perros y gatos.

Según Drews (2002) la razón principal reportada para tener animales silvestres en el hogar es su atractivo estético y el placer producido por su tenencia ("son lindos", "me gustan"). Además, dos terceras partes de los adultos opinan que la tenencia de una mascota silvestre favorece en los niños “el amor y respeto por la naturaleza”. La iniciativa de conseguir el animal silvestre para el hogar viene en la mayoría de los casos de un hombre adulto. Sin embargo, las labores de limpieza del encierro y alimentación del animal las realiza en la mayoría de los hogares una mujer. Desde el punto de vista de la salud pública esto implica muchos riesgos para las personas que se encuentran en contacto con animales silvestres, ya que existe el peligro de contraer alguna enfermedad zoonótica que se encuentre en esa población.

Tal como exponen Ramirez y otros (2004) cuidar un animal silvestre requiere muchos conocimientos y una gran dedicación. En la mayoría de los casos, incluso cuando intervienen especialistas, es imposible mantener en cautiverio a un animal silvestre sin que manifieste estrés y necesidades que no le podemos satisfacer mientras se encuentre en cautividad. Es prácticamente imposible suplir adecuadamente las necesidades alimenticias de los animales en cautiverio, dado que usualmente se alimentan de una enorme cantidad y variedad de fuentes alimenticias, dependiendo de la época del año y del ciclo reproductivo de la especie. Y como no se sabe suficiente acerca de los cuidados sanitarios que requieren estos animales, es muy difícil saber en qué momento requieren asistencia médica, pues generalmente su instinto les impide manifestar debilidad o algún síntoma hasta que realmente están muy enfermos. Debido a esto, los animales en cautiverio tienen promedios de vida menores a tres años, mientras que en el bosque el promedio puede ser de más de 30 años.

A medida que cualquier animal silvestre crece y madura, el comportamiento instintivo de adulto surge, por lo que el animal manifiesta un comportamiento que interpretamos como destructivo, temperamental y sin provocación o advertencia, pero que en realidad puede significar que ese individuo está tratando de ocupar o hacerse un lugar en la jerarquía dentro de un grupo social, apropiarse y defender su territorio o que está buscando una pareja, pues eso es lo que haría por instinto si viviera en el bosque. El destino de un animal así es ser abandonado o regalado a una institución donde terminará sus días siendo un individuo antisocial, estresado y con una mala calidad de vida, a pesar de los cuidados que se le brinden.

Una encuesta realizada en 1.021 hogares de Costa Rica, en 1999, por el Programa Regional en Manejo de Vida Silvestre de la Universidad Nacional, reveló que más del 95% de los animales silvestres que son comercializados como mascotas provienen directamente del bosque, donde cumplen funciones relacionadas directa o indirectamente con otras especies silvestres (Drews 2000). Cuando son sacados de su hábitat se provoca un desequilibrio que afecta a otros animales y al ambiente en general. El saqueo de animales del bosque es grave por cuanto consiste en la constante extracción de sus hábitats de miles de aves, mamíferos y reptiles que sufren y mueren durante su captura y durante el tiempo que los mantienen cautivos mientras tratan de venderlos.

Si continuamos con este accionar llegará un momento en que muchas de las especies animales de nuestro país y el mundo se extinguirán, afectándose todo el ciclo de vida en el planeta y, como consecuencia, la especie humana también.

Un caso particular: las tortugas de tierra (Compilado de Díaz L. B. y Aprile G.)

Las tortugas terrestres son las mascotas argentinas más populares. Sin embargo la venta de este animal está prohibida dentro de la jurisdicción nacional como así también su tránsito interprovincial1. Esto quiere decir que todas las tortugas terrestres que vemos a la venta en pajarerías, veterinarias y viveros son ilegales. A pesar que algunos comerciantes sostienen que sus ejemplares proceden de criaderos, no es verdad. Ninguno de los pocos existentes en nuestro país cumple tal función, porque se limitan a acopiar ejemplares capturados de la naturaleza en lugar de criarlos en cautiverio. La prohibición no es un capricho, sino una respuesta gubernamental para evitar que desaparezcan ante la falta de emprendimientos para aprovechar este recurso con planes sustentables (criaderos serios, colecta controlada, etc.).

En nuestro país existen cuatro formas de tortugas de tierra (común, chaqueña, patagónica y carbonaria) y, la mayoría, viven en una franja que ocupa el centro de la Argentina desde Salta y Formosa hasta Chubut. Todas ellas se encuentran amenazadas de extinción2. La modificación de su ambiente natural por la expansión de las fronteras agropecuarias y el comercio ilegal para abastecer al mercado de mascotas son las causantes de su desaparición. Hasta hace poco se vendían más de 10.000 tortugas terrestres al año. Hoy se desconoce el número de ejemplares traficados, pero se presume que es enorme.

        

Tortuga terrestre común                          Tortuga chaqueña   
(Chelonoidis chilensis chilensis)     (Chelonoidis chilensis petersi)

       

Tortuga carbonaria                        Tortuga terrestre patagónica
(Chelonoidis carbonaria)           (Chelonoidis chilensis donosobarrosi)

Una tortuga en cautiverio en Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos o Corrientes (y otras regiones con clima húmedo) no vive, sobrevive, porque las condiciones de una casa o un departamento son muy distintas a las de las regiones áridas donde naturalmente habitan. Los suelos secos, expuestos a muchas horas de sol y calor, cubiertos por cactus, frutos y pastos xerófilos son reemplazados por baldosas y, muchas veces, privadas de recibir luz directa y alimentadas con hojas de lechuga, pedacitos de tomate o pepino. Obviamente, ésto les produce enfermedades y -a mediano o largo plazo- la muerte3. En estas condiciones, una tortuga difícilmente supera un promedio de tres años de vida, cuando en la naturaleza pueden vivir hasta 40.
Esta situación fue dada a conocer por los especialistas y la Fundación Vida Silvestre Argentina en reiteradas oportunidades4, pero esa vieja historia está lejos de cambiar todavía.

Las tortugas terrestres mantenidas bajo un mal cautiverio y como consecuencia de los cambios climáticos y de la mala alimentación, suelen sufrir una importante gama de enfermedades.
En un ambiente doméstico, en donde hallamos pisos con baldosas que no les permiten caminar correctamente -ya que al patinar lo hacen apoyando el vientre sobre el suelo-, los animales malforman sus miembros. Los huesos de sus patas se desarrollan horizontalmente y no los pueden utilizar como soporte de sus cuerpos.
En cuanto a su alimentación, existe la creencia popular de que estos reptiles pueden vivir consumiendo sólo lechuga, pepinos y unas cuantas verduras más. Por ello muchas sufren del debilitamiento o del exceso de calcificación de sus caparazones, hipotiroidismo, u otras anomalías. Flores, caracoles, insectos, frutas de todo tipo, hortalizas y carne picada cada 15 días, constituyen la dieta adecuada para ejemplares cautivos.
Se debe evitar la alimentación en terrenos arenosos o con grava, que pueden ocasionar problemas digestivos (constipación u obstrucción intestinal).

La humedad ambiente, la falta de luz y la manipulación pueden derivar en enfermedades más graves tales como la salmonelosis, gota, micosis, fungosis, úlceras y otras. La primera de éstas, incluso, puede ser contagiada al ser humano.

El mejor "recinto" se lo podremos brindar en aquellos jardines cuyos suelos estén cubiertos por tierra o pasto, donde puedan acceder al sol y a la sombra, y en donde sean los propios individuos los que seleccionen los refugios adecuados para dormir. Además -durante los meses fríos- podrán aletargarse, hecho que no ocurre cuando se las retiene dentro de las calefaccionadas viviendas humanas. En este caso, al requerir de mayores funciones metabólicas, la vida de estos reptiles se acorta.

Si no se dispone de un jardín u otro ambiente adecuado, en los interiores de los hogares las tortugas deben disponer de un ambiente iluminado pero sin recibir sol directo. En su defecto, especialmente las mas pequeñas, pueden ser hospedadas en terrarios con luz ultravioleta (longitud de onda de 2700 a 3000 A). Esto último se logra por medio de lámparas solares ubicadas a una distancia de 1 a 1,60 m del animal, de 15 a 30 minutos diarios. El fotoperíodo diario oscila entre las 12 y 16 horas, y el rango de temperatura óptima preferida corresponde en general entre los 20 y 39 grados centígrados5.

Los accidentes mas comunes sufridos por las tortugas tienen relación con la máquina de cortar el pasto (el dueño que olvidó poner a resguardo la tortuga) o las quemaduras que se producen cuando queman ese pasto y no advierten que la tortuga está bajo la parva. Otro accidente hogareño común es cuando la tortuga se mete en un garaje y la pisan con el auto. También suelen sufrir mordeduras de perros -no necesariamente por agresión- sino porque las confunden con un hueso.

Ahora bien ¿Qué hacen entonces quienes ya tienen una tortuga en casa? Actualmente no existen lugares donde se puedan donar o dejar tortugas y por eso lo importante es no comprarlas. Entonces, el que ya tiene una tortuga, debe informarse sobre las condiciones de hábitat y alimentos requeridos para que estén bien. Pero no es aconsejable desprenderse de una tortuga que ha vivido 30, 40 o 50 años con una familia y donarla a un zoológico pensando que será lo mejor para ella. A pesar de su apariencia, sufren mucho el síndrome de adaptación, ya que pasaron 30 o 40 años compartiendo la vida familiar y de pronto pasan a un hábitat totalmente diferente al que no pueden adaptarse y terminan dejándose morir de hambre. La liberación en la naturaleza tampoco debe realizarse. Por un lado está prohibido por la ley y por el otro, puede causar serios problemas en las poblaciones silvestres si el individuo liberado sufriera de alguna enfermedad.

Tomando las palabras del Presidente de la Asociación Preservacionista de Flora y Fauna Silvestre de Costa Rica, Luis D. Marín (2004): Si tiene un animal silvestre en cautiverio, cuando muera, nunca vuelva a tener otro, adopte un animal doméstico. Miles de perros y gatos esperan por usted en los albergues de animales abandonados.

Citas
1.- Apéndice II de CITES (comercio internacional regulado); Resolución SAGyP N° 62/86.
2.- Status "Vulnerable" según la Dirección Nacional Fauna Silvestre y la Fundación Vida Silvestre Argentina. Según la UICN, se encontraría en este rango la especie Chelonoidis chilensis.
3.- Animales mantenidos en habitáculos artificiales con suelos de baldosas o bajo condiciones de alta humedad y sombra, junto a deficiencias en la dieta y temperatura ambiente, provocan distintos cuadros de enfermedades algunas de las cuales hemos detallado. Pero sin duda, la salmonella, la estomatitis y los hongos exteriores (fungosis) e interiores (micosis) son las más frecuentes en las urbes rioplatenses, siendo particularmente importantes por la facilidad de transmisión - la primera, incluso, al ser humano - y lo dificultoso de su tratamiento.
4.- Tomás Waller y Juan Gruss, 1986. Revista "Vida Silvestre" (año V, N° 19). Buenos Aires.
5.- Dr. A. C. Tracchia, 1993. Hábitat y Dieta de Quelonios en Cautiverio, en Clínica y Producción Veterinaria n° 12 (junio/93).

Bibliografía:
Drews, C. "Caracterización general de la tenencia de animales silvestres como mascotas en Costa Rica", en Nassar, F. y R. Crane (eds.). 2000. Actitudes hacia la Fauna en Latinoamérica. Humane Society Press. Washington DC.
Drews, C. 2002. “Mascotas silvestres en hogares ticos. Percepciones, actitudes y conocimiento”. Revista Ambientico Nº 103. Costa Rica.
Marín, L. D. 2004. “No mascotizar fauna silvestre, sí cuidar fauna doméstica”. Revista Ambientico Nº 127. Costa Rica.
Ramirez, S., F. Guillen y D. Janik. 2004. “Problemática de la mascotización de animales silvestres”. Revista Ambientico Nº 127. Costa Rica.
Díaz Liliana Beatriz, 2001. Tortugas de tierra. Médica Veterinaria especialista en reptiles, aves y primates. Entrevista realizada por Susana Lauro para el programa "El Arca de Noé llega al Sur".
Aprile G. Las tortugas terrestres argentinas. Proyecto Rehabilitación, Dpto. de Conservación, FVSA.

 
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