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Entre los cantos rodados Calcinados por los soles O curtidos por los fríos, Discurren las claras aguas En las crecidas del río En el agreste paisaje La luna allí presente, Se cuelga de una jarilla Para mirar su hermosura En la ondulada corriente. El río impregna sus aguas Con el aroma amarillo, Que le dan los tamariscos Y la flor del espinillo. El sol gigante bosteza Sobre el lineal horizonte, Estira sus largos rayos Y con mágica mirada, Lo envuelve al pié del monte De perfil achaparrada. Su cauce se ve jadeante, Con prisa, casi atrevido, Como huyendo de represas Que lo mantienen cautivo. Quiere salvaje correr Por la pendiente pampeana, Fragmentándose en recodos O con golpes en las bardas, Volcar sus aguas salobres En la laguna La Amarga. Languidece en la distancia Cuando termina el estío, Las que fueron claras aguas En las crecidas del río. Alicia. A. Sevillano
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